Pensé que era el alcohol. En realidad no. Así era él. Burdamente inelegante. Totalmente autocomplaciente y autosuficiente. Engreído y tediósamente[sic] hydrocefálico. No me sorprendo, pues así me suelen tocar. Hacen soñar al principio. Creo que es por eso. Me gusta soñar. Me gusta sobremanera.
Soy un tanto disléxica en cuanto a relaciones amorosas. Se leer pero no entiendo lo que leo. Así que, como es más divertido leer un cuento de hadas que un manual de psiquiatría, yo me imagino una historia rocambolesca, le meto toques de absurdo, le inyecto mi fe de erratas con tanto entusiasmo, que se crea una magia, efímera. Que se esfuma siempre después de un rato. Cuando por fin reconozco la verdadera naturaleza escolástica de la obra que tengo ante mis ojos, cierro el libro. En fin, no era el alcohol pues.
"Au suivant!" como dicen por ahí... Y la que sigue soy yo. Creo que nunca me había respetado tanto a mi misma. Hoy escuché un señor decir en la tele: "Aprendan a no aceptar lo inaceptable, porque a todos les tocará en algun momento, la responsabilidad de decir que no." NO, dije. Y así fue.
Esta semana saboreé la rutina que ha invadido poco a poco mi vida. Tengo un trabajo redundante, para ponerlo de manera elegante. Sin ninguna responsabilidad de ningún tipo. Solo hacerlo bien. La tarea hormiguera de realizar un trabajo perfectamente lineal y sin asperezas, aporta una tranquilidad al final del día, casi meditativa. Uno acaba vacío, por lo tanto, como nuevo. Curioso sentimiento.
Hoy, Barcelona... Sin hombre!!!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No pare sigue... Que ya me tienes enganchado.
ResponderEliminarBIZ Fab