Barcelona, tierra de nadie donde todos se encuentran. Mi experiencia de Barcelona se está volviendo al límite de lo místico. Estoy descubriendo la profundidad de la ligereza. La medida de lo exacto. La esencia misma de la existencia: la armonía. Simplemente.
No luchar. Contra nada. Contra nadie. Escuchar, ver, tocar, caminar, nadar, pedalear, respirar... Solo eso.
Los miedos y las complicaciones se resbalan, se esfuman, desexisten [sic]. Es como desempañar el espejo. Es una sensación extraña cuando por otro lado, un terrible desamparo emploma el aire de nuestros tiempos. Nos rodean los zombies. Se van descarapelando lentamente sus almas y se acaban pudriendo en medio del desprecio y de la impotencia general. Se respira una vaga brisa de ineluctabilidad en el aire de nuestros tiempos. Está a punto de reventar la condensación de tanta tristeza acumulada.
Estoy perpleja. ¿Cómo podemos seguir adelante con nuestras vidas sin dedicarle siquiera un pensamiento al sentido de todo esto? ¿De verdad no nos damos cuenta de lo que esta pasando en frente de nuestras narices? ¿Cómo es posible que haya tanta gente con una autoestima por los suelos, y que nadie se pare a pensar que tal vez sea un elemento esencial para resolver la ecuación social que fallamos siempre en descifrar?
Gracias a dios, uno se va encontrando con gente maravillosa que sigue ahí cual junco, firme y flexible a la vez. Valorar, agradecer, atesorar y volver a agradecer de nuevo. De verdad. Son el único antídoto contra la pandemia de insensatez que reta peligrosamente nuestra cordura.
No es broma, es un reto y no cualquiera. En estos últimos 8 meses he ido armando un extraordinario compendio de historias con desenlaces más que sorprendentes y diálogos eximidos de toda lógica. Historias que afligen el que las vive. Historias de stand up comedy. Cuando uno las cuenta resultan graciosas de lo absurdas que son, lo que es problemático cuando uno se ve implicado directamente. Pone a dura prueba tanto nuestro sentido común, como nuestro equilibrio mental y emocional.
¡¡¡Paremos la contaminación vivencial!!!
¡¡¡Restituyamos la dignidad y la autoestima!!!
Por mientras, gracias a todos!!
Hoy, Barcelona sin... razón!
domingo, 22 de agosto de 2010
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