sábado, 20 de marzo de 2010

Hoy, hablemos...

Que es la suerte? Esa es la pregunta...? De verdad importa? Es un concepto como tantos otros, abstracto, fantaseado, redefinible al infinito, inestable, inexacto, inmaterial y trahicionero. Porque tenemos siempre que tapar con palabras lo que simplemente es, más allá de la percepción misma?

Los adjetivos van por dos. Uno bueno, otro malo. O es una cosa, o es la otra. Y cuando nos queremos ver sutiles y complejos, capaces de matizar las cosas, les pegamos adverbios. Nos resignamos a mas-o-menosear con nuestra realidad. Una buena parte de lo que decimos son palabras que no nos satisfacen. Siempre hubieramos querido decir las cosas de otra manera.

Porque no nos satisfacen? Será que intuimos que la realidad supera de mucho nuestros pobres intentos por cronicarla? Aún así, nos aferramos a nuestras sacro santas palabras y otros adjetivos. Son nuestra única ventana sobre los démas. Las palabras son las que nos afirman ante los démas, sean pronunciadas o escritas. Todo se rije por el idioma, poco importa cual.

Nos limita a tener y dar solo una interpretación muy aproximativa de lo que somos, de lo que queremos y de lo que sentimos. Las palabras como amor, vida, muerte, suerte, destino, son en realidad expectativas de lo que debería ser cuando nos toque algún dia. Cuando las vivimos de verdad, no las podemos ni definir, ni hablar, o si hacemos el intento, falla inexorablemente. La inexactitud del describir araña el dulce flotar de los acontecimientos. Como las gotas de una lluvia pesada en la superficie de un lago entre dos cerros.

Todo es estadística y expectativa. Maldita sea. Donde quedó la simplicidad? Porque somos incapaces de vivir las cosas sin querer absolutamente definirlas? Porque querer definir, cuando justamente es lo indefinido que pretendemos alcanzar una y otra vez? Porque buscar las palabras cuando no llegan por si solas?

En fin. Viva la utopía!



Hoy, Barcelona sin... definir!

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