domingo, 30 de enero de 2011

Hoy, la realidad virtual...

Va aumentando mi número de cuentas. Youtube, dailymotion, facebook, varias de gmail, blogger, infojobs, adecco, myspace, grooveshark, linkedin, bancarias y pendientes. Identidades paralelas, virtuales y no siempre virtuosas. Las trabajamos y las cuidamos. Cuando se borran, lo que acaba de pasar con mi cuenta youtube, se siente horrible. Lo primero en lo que pensé no fueron mis videos, sino el número de visitas que tenían. Se borró la historia de mis videos, la prueba de sus propias existencias independientes, los comentarios, los seguidores. Todo estaba documentado. Con la fecha y la hora. Nos da la reconfortante idea de que nada escapa a nuestro control. Al menos ahí. Nos da seguridad, justifica nuestra existencia y la de todo lo que podamos crear.

Los últimos cuatro meses pasados a trabajar en una tienda online de jamón ibérico, además de hacerme subir de peso, me confrontaron a toda una dimensión que no sospechaba en lo más mínimo.

Trabajé para Pinky y Cerebro. Respectivamente un informático y un ingeniero. Dos Nerds peleados con el concepto de "contacto humano". No tienen tarjetas de presentación, y cada vez la excusa era algo así: lo nuestro es internet. Lacónicos y completamente desacomplejados. Un tanto desquiciantes.

Todo se consignaba religiosamente en un back office que era una joya de organización y exhaustividad. Cuando estábamos rebasados de trabajo, empecé a utilizar el sistema un poco cómo mejor me convenía a mí. Esa iniciativa no les gustó. Lo habían hecho ellos, por y para sus mentes, punto.

En alguna ocasión me pidieron que busque un sistema de etiquetas envolventes para los jamones, y distintos presupuestos. Estaba reflexionando sobre este apasionante reto, cuando Cerebro viene a verme con una etiqueta de papel, como las que se le ponen a las maletas. Me dice que eso es exactamente lo que quieren. Hago el patrón con las dimensiones para rodear una pata de jamón y lo mando a varias imprentas para que me den presupuestos. Me llegó uno que me pareció mucho más barato que los demás y se lo enseñé a Cerebro. Me dijo que si.

Unos días después, un comercial vino a traernos personalmente las pruebas a la oficina. Hablo con él un momento, me enseña los modelos y voy a llamar a mis superiores para que vean lo lindas que quedaron. Pinky que no había abierto la boca de toda la mañana, salvo para tararear la misma canción una y otra vez, le dice al amable comercial: Tenemos un presupuesto de esto? Ante el asombro del pobre visitante, me apresuré en decir que por supuesto y que Cerebro lo tenía en su mail desde hacía una semana, además de haberlo aprobado. Le dijeron en catalán que muchas gracias por todo y que le llamarían.

Cuando el señor se fue, les dije que no era una manera de hacer negocios, que ya me habían dicho que aceptaban el precio, por lo cual el comercial nos había traído las pruebas y que pudieran haber sido más corteses. Me pidieron que les enseñara el presupuesto y para comparar, empezaron a calcular cuanto les costaba el sistema de etiquetas que ya tenían. Las ligas + la tarjetita con el hoyo + costo salarial de la mano de obra que ensarta las putas ligas en las putas tarjetitas.

Sacaron facturas de las ligas y las tarjetas pero estaban en desacuerdo sobre el costo de la mano de obra. Pinky aseguraba que ponerle la liga a la tarjeta se hacía en 1,5 segundo, Cerebro replicó que estaba loco y que se necesitaban por lo menos 6 segundos. Yo ya no existía. Se fueron al almacen a organizar la justa y Pinky perdió, se tardó 8 segundos.

Regresaron entre risas y de repente Pinky me dice muy serio: mira, no quiero nada sobre medida porque siempre sale más caro, quiero descartar por completo la opción de encontrar una etiqueta standard con nuestras dimensiones (NdT: gigantescas). Lo que hacen las drogas, un exceso de virtualidad también lo hace. Llegó el frenesí de los jamones en Navidad y nunca más se habló del tema.

No quiero ser como ellos cuando sea grande.

Hoy, Barcelona sin... etiquetas.

lunes, 10 de enero de 2011

No pienso, luego soy.

Tengo reminiscencias de otra yo, una yo perfecta e intuitiva. Majestuosa y voluptuosa. Poderosa y serena. Me acuerdo cada vez más a menudo de quien soy y cual es mi escencia, la estela de mi perfume, cómo diría la canción.

Las cosas se vuelven tan sencillas cuando uno conecta con esa parte profundamente íntima de nosotros que sólo se alcanza en consciencia, porque la mente no la puede ni sospechar, ni lograr describir y ni hablemos de entender.

Cuando todo pasa por el filtro mágico del momento presente, que es el único que no pensamos, entonces todo hace sentido, uno está conectado de verdad a su vida y se logra una real interacción entre el ser, su derredor y su devenir.

Lo efímero nos da náusea, pero si nos abandonamos a la náusea del efímero porque decidimos darle aunque sea un poco de crédito, acaban pasando los mareos, porque la náusea también es efímera, cómo todo lo demás. Cómo el miedo también.

Me dí cuenta que cuando pierdes la fe, lo único que pierdes es tiempo! El mundo sigue girando con o sin nosotros. La vida es maravillosa, que creamos lo contrario o tratemos de arruinarlo siempre todo. La naturaleza no nos esperó a que la entendiéramos, para ser lo que es.

Porque perder tiempo tratando de luchar contra la belleza y la simplicidad? Porque luchar contra lo efímero, si es de lo que estamos compuestos? Siempre nos olvidamos que este universo que llamamos físico está compuesto a 80% de vacío. Siempre nos olvidamos que antes de las religiones judeo-cristianas, no existía una noción lineal de la historia, la fatalidad cómo la solidez son inventos de la mente, recreaciones aproximativas de una realidad con ilusión de controlabilidad. Una gran mentira.

Las mentiras son complicadas de mantener de pie, por eso no entendemos más nada acerca de nada y todo parece tan turbio y contubernio. Se puede vivir sin tanto enredo, que lo creamos o no. Pero en el fondo lo sabemos y lo anhelamos. De donde viene ese deseo profundo, sino de algo que tenemos en nosotros, que sabemos que ahí está pero que nadie nos enseñó nunca a ver ni a utilizar...?

Estoy empezando a lograr conectarme poco a poco a esa fuente permanente de sentido y paz y me hace muy feliz.

Feliz.

Hoy, Barcelona sin... pensarlo!