martes, 23 de marzo de 2010

Hoy, dudas...

Estoy experimentando. Explorando aspectos de mí que no conocía. Sale todo a flote. A flor de piel. Hipersensorial. Vulnerable. Extremadamente vulnerable. Viva. Sensible y serena.

Aprendo lo que soy capaz de ser. Aprendo a fluir conmigo misma. Con mis dudas y mis certezas medio-certeras. Me descubro un sentido del humor que no me sospechaba. Aparte del bastante sucio que me caracteriza. Esa nostalgia que me invade, ese sorprendente anhelo de lo que dejó de ocurrir... Esa necesidad compulsiva de música, ese impulso incontenible de correr en las mañanas, todo parece estar en su lugar.

Elvis me canta canciones de amor. Tengo que sacar la ropa de la lavadora y me da una flojera infinita salir de mi burbuja. Estoy en una época burbujeante de mi vida. Flotando al azar sobre la realidad, redonda, irisada y carcajeante.

No me apetece tomar mis dudas en serio. Ni las mías, ni las de los demás. Quiero desenfado y alegría. No importa bajo que forma. Hablando o sin hablar. Debatiendo o consintiendo. Como sea, pero por favor con risas de por medio. La seriedad no me sienta bien. Lo profundo es para mi una obviedad que tiene que quedarse así. Es decir evidente. Tácita. Implícita. Sin necesidad de ahondar en el tema. Se puede explicar y aclarar todo, menos eso. Si se mezclan los sentimientos con las formas, todo se esfuma... O no? No se. Y no me preocupa mucho no saber. Estoy aprendiendo.

Hoy, Barcelona sin... certezas.

sábado, 20 de marzo de 2010

Hoy, hablemos...

Que es la suerte? Esa es la pregunta...? De verdad importa? Es un concepto como tantos otros, abstracto, fantaseado, redefinible al infinito, inestable, inexacto, inmaterial y trahicionero. Porque tenemos siempre que tapar con palabras lo que simplemente es, más allá de la percepción misma?

Los adjetivos van por dos. Uno bueno, otro malo. O es una cosa, o es la otra. Y cuando nos queremos ver sutiles y complejos, capaces de matizar las cosas, les pegamos adverbios. Nos resignamos a mas-o-menosear con nuestra realidad. Una buena parte de lo que decimos son palabras que no nos satisfacen. Siempre hubieramos querido decir las cosas de otra manera.

Porque no nos satisfacen? Será que intuimos que la realidad supera de mucho nuestros pobres intentos por cronicarla? Aún así, nos aferramos a nuestras sacro santas palabras y otros adjetivos. Son nuestra única ventana sobre los démas. Las palabras son las que nos afirman ante los démas, sean pronunciadas o escritas. Todo se rije por el idioma, poco importa cual.

Nos limita a tener y dar solo una interpretación muy aproximativa de lo que somos, de lo que queremos y de lo que sentimos. Las palabras como amor, vida, muerte, suerte, destino, son en realidad expectativas de lo que debería ser cuando nos toque algún dia. Cuando las vivimos de verdad, no las podemos ni definir, ni hablar, o si hacemos el intento, falla inexorablemente. La inexactitud del describir araña el dulce flotar de los acontecimientos. Como las gotas de una lluvia pesada en la superficie de un lago entre dos cerros.

Todo es estadística y expectativa. Maldita sea. Donde quedó la simplicidad? Porque somos incapaces de vivir las cosas sin querer absolutamente definirlas? Porque querer definir, cuando justamente es lo indefinido que pretendemos alcanzar una y otra vez? Porque buscar las palabras cuando no llegan por si solas?

En fin. Viva la utopía!



Hoy, Barcelona sin... definir!

jueves, 18 de marzo de 2010

Hoy, la zanahoria!

Para que vean como somos peones en este mundo.

Desde hacía unos días estábamos desestabilizados. En el equipo que bautizé "los idiotas", somos ocho. Cinco chicos, tres chicas (como lo habrán notado, puro impar!). Antes, éramos seis en total. Cuatro chicos y dos chicas. Había un cierto equilibrio. Manejábamos tres campañas, un binoma por cada una. Farmacéuticos, enfermeras, y otra de enfermeras. Luego, entraron al equipo los dos que acaban de llegar hace una semana. Un chico y una chica. Yo estaba con los farmacéuticos, fuí la única que no cambiaron de campaña. Me cambiaron el binoma y pusieron a todos los demás a prospectar dentistas. Una campaña muy seria y en la cual se basan grandes esperanzas, al parecer. Pero tambien la de los farmacéuticos. Ayer, mi supervisor, el eterno entusiasta, asomó una cara radiante por encima de mi cubículo, para anunciarme triunfalmente que el cliente nos había hecho el honor de confiarnos otro archivo de muchos más
contactos. Esperaba, acaso, que sintiese yo el mismo orgullo que experimentaba él?

Total que "los idiotas" no son idiotas por nada. Somos todos medio infradotados para la disciplina y el aprendizage del autoengaño, que vuelve el engaño ajeno más monetizable. Pero hay que reconocer que cuando ayer nos pasaron a la sala de conferencia para anunciarnos el plan de incentivos de venta, que la compañía, en su gran magnanimidad y más allá de la mezquindad del cliente, había querido instaurar, como reconocimiento y agradecimiento a nuestro agradable desenpeño, nos cambió un tanto la cara. Muy bien hecho. Muy bien calculado. Motivador para cada uno, solidario con el equipo, equilibrado, justo, federador. "Los idiotas", de repente, teníamos una causa. Aunque a nadie de nosotros le importe de más el dinero, pareció estimular nuestra productividad. Contamos las ventas. Calculamos. Estimamos. Soñamos con lo que hace falta.

Funciona y funciona muy bien. Los peor es que "los idiotas" somos un desastre pero aun así funciona. Es fascinante ver como se genera adrenalina con ingredientes tan sencillos. Curioso ver como de repente, nuestro rinconcito desenfadado de la colmena, empezó a tomar aires de bolsa de valores. Más bien, jugamos a la bolsa de valores. Las acciones son revistas y los millones, son vales de comida. Pero bueno, aunque no nos saque de pobres, es entretenido. Y dicen que con la zanahoria, el camino se hace más corto.

Es un poco perturbador ver las grietas del domo de nuestro propioTruman Show. Se cae la pintura y todo es un poco repetitivo y rutinario. Totalmente artificial y al mismo tiempo tan real como el ejetreo que nos invade casí al limite de la seriedad. Me recuerda cuando jugaba Quake (versión Capture The Flag) en red con mi banda de amigos nerds, cuando tenía 17 años. Eran los primeros cafés internet y el auge de los juegos en red, todos en su cubículo y todos jugando en computadoras contiguas. Nos gritábamos cosas que no escuchábamos, por el casco que traíamos en los oídos. Me recuerda la adolescencia. No sabía que iba a ser de mi vida, pero cada momento lo vivía tan intensamente que la actividad más absurda se volvía la aventura más emocionante e importante del momento.

Todo me inspira. Esa alquimia que cambia, ante mis ojos, revistas (que acaban casi todas calzando armarios) en desafíos, es el punto medular del misterio. Me asusta un poco pero ya es demasiado tarde, ahora que lo entreví, tengo que entenderlo. Me hace pensar que la vida es bella, aunque tengas que pasar por el valle para alcanzar la cima. El misterio.

En otro registro, la primavera sigue llegando, lenta pero segura. Valeriana del alma. Como una larga caricia sin fin. Como esa mirada en la que me refugio a veces para estar en paz.

Hoy, Barcelona sin... tesis!!

martes, 16 de marzo de 2010

Hoy, el miedo...

Prometí miedo, miedo será.


El miedo nace esencialmente del amor. El amor de nuestros padres que, cuando éramos pequeños, siempre temían por nuestro equilibrio (sobre todo cuando corríamos cerca de las escaleras), nuestra alimentación, nuestras frecuentaciones, nuestro futuro (fracaso escolar y otras protuberancias)... Pero más que nada creo yo, por sus consciencias. Todos los padres quieren ser buenos padres. Les da pavor imaginarse responsables de algun trauma (físico o psíquico) que pueda luego atormentarlos hasta la tumba. Consciente o inconscientemente, nos infunden miedo al mismo tiempo que el amor que sale disparado a torrentes cuando nos dan la vida.

Así empieza todo. El miedo es, por ende, adquirido. No es natural, es cultural. Conforme van pasando los años, nos rebelamos en contra de los miedos de nuestros progenitores, pero siempre recaemos en miedos ajenos. Pasamos de las aprehensiones del núcleo familiar, para seguir con las de toda nuestra generación de jóvenes reclutas que no se sienten listos a ser mandados al frente, y finalmente... a las de la sociedad en su conjunto. Conforme vamos creciendo, crece también la dimensión ajena, y por lo tanto la envergadura de los miedos que vehicula.

Regresemos un segundo al amor. El amor (tal como nos lo enseñan) es una gran mentira. Nos enseñan a poseer lo que amamos o amar lo que poseemos, que al fin y al cabo, viene siendo lo mismo. Y con poseer, quiero decir retener, controlar, cercar, ocultar... con aires de proteger, por supuesto. A quien se le ocurrió meternos en la cabeza que poseíamos algo en este mundo? Y sin embargo ahí vamos todos, padeciendo lo evidente, padeciendo la escurridez, el descontrol, la transparencia, la libertad. Y lo vivimos como una pérdida. Ahí reside el miedo.

El miedo se te mete por los poros y no te deja respirar por poco que le hagas caso. Aunque tengas muy presente que nada es realmente tuyo, cuando quieres, temes. Hay gente que deposita su amor en sus hijos, otros en el trabajo, otros tantos en el alcohol o en su pareja codependiente. Pero todos amamos la estabilidad. El cambio nos paraliza de miedo. El miedo al miedo. Cambiamos todo afuera para no tener que cambiar nada adentro, toreamos el miedo pero no lo enfrentamos nunca. Suena triste como una campanada de entierro... pero el miedo es el siniestro motor que mueve al planeta. Ni el sexo es tan potente... y eso que el sexo tiene lo suyo!

Filósofos y sabios de este mundo absurdo, os reto abiertamente... Redefinan el amor y acabarán con el miedo!

Hoy, Barcelona sin... miedo!!!

lunes, 15 de marzo de 2010

Hoy, lunes.

Hoy los aires congelaron la primavera, en este lunes negro. Todos nos veíamos con caras largas como láminas de afeitar. Las miradas perdidas en el vacío, de este lunes negro. Como la luna nueva, nula y no obstante espesa, que relevó un sol traícionero, como los aires, brillando por su ausencia. La "plataforma" (así le dice a la colmena) estaba llena de abejitas dormidas. Casí siempre, a eso de las 11h de la mañana y como a las 3h de la tarde, se empieza a elevar un abejorreo progresivo proveniente de distintas zonas. Hoy apenas fue perceptible. Unos intentos sinceros, y después nada. La letargia recaía sobre nosotros. Mis pensamientos se perdían en mis problemas, y cada uno, en los suyos. De esos problemas que ven amanecer otra semana con el hastío de la costumbre.

Lo bueno es que cuando uno anda medio ido, el tiempo vuela. A veces pasan cosas raras. Nunca me había pasado de transcurrir el día sin hacer ni una venta. Hoy fue el caso. Menos mal. Hubiera sido mas deprimente de lo que fue en realidad. Observación forzada de la misería humana por el hoyo de un tímpano, cada vez más profundo y más sordo. Sordo a lo que pasa alrededor, para poder escuchar mejor la voz del pueblo que me grita su desasosiego por un casco Sennheiser alta tecnología, "advanced calling solutions".

Y entre las llamadas, que atendía, francamente sin mucho entusiasmo, noté algunas cosas de gran interés dentro de la colmena. Como ya lo precisé anteriormente, mi semi-cubículo es una de las alvéolas del borde, con vista panorámica. A lo lejos se divisa, altanero y distante, un edificio de aspecto vulgar, con 2 letras incrustadas en la fachada, siempre coronado por un helicóptero. No siempre es el mismo. A veces esta uno con una cola extremadamente larga. Lo busqué en google images pero no lo encontré. Le tomaré una foto. Nunca me ha tocado verlos despegar. Cada vez que volteo, cambiaron de lugar, de forma o de sentido, o desaparecieron. Eso es cuando volteo hacia afuera, hacia mi derecha.

Si volteo de tres cuartos hacia mi izquierda y me incorporo un poco, tengo el muestrario de Loreal del rubio platino al castaño claro cenizo. Solo veo una fuga de medias melenas color del trigo, declinado en varias tonalidades, todas de espaldas, se ven increíbles!! A ellas tambien les tendría que tomar una foto...

Cuando una llamada me regresaba a la realidad, por lo general era para desarmarme cada vez un poco más. "Lo siento señorita, mi marido se murió hace dos años", "No le va a poder contestar señorita, tuvo un accidente neurovascular y esta paralizada desde hace 5 años, pero si quiere le paso a su hija", "Estoy jubilada señorita, y apenas me alcanza para comer, usted cree de verdad que me interesa suscribirme a una revista que me recuerda una profesión que no alcanzó para darme una vejez digna??", y así... todo el día.

Hasta que llegó el final del día, con su ligereza implícita, evidente e indispensable. Tan obvia que no dejó espacio para más pesadez en este día dudoso...

Mañana, contaré la historia de los miedos.



Hoy, Barcelona sin... miedo!!

domingo, 14 de marzo de 2010

Hoy, igual que ayer...

Ayer fuí a una fiesta. Reencontré un amigo que no había visto en 10 años. Las canas y algunas arrugas eran lo único que había cambiado. La misma mirada, los mismos tics de lenguaje, la misma risa. Hace dos meses volví a ver una amiga que no había visto en 20 años casi. De pequeñas nos imaginábamos que éramos hermanas. 20 años después, tampoco ha cambiado. La misma mirada, el mismo cabello, la misma sonrisa maliciosa, las mismas inquietudes, la misma cómplice hermandad.

Pasan las estaciones, una tras otra, y seguimos igual. La vida nos pasa encima pero no logra quitarnos lo que somos. Unos abandonaron sus sueños, otros se aferraron tanto que ya no les queda ninguno por cumplir, unos se casaron y se divorciaron, otros siguen buscando su nido. Sin embargo, me doy cuenta que cuando era pequeña, aunque no entendía bien todo, ya sabía lo principal. Permanecemos en la validez de nuestros aciertos precoces. Agregamos capítulos a lo largo de nuestras andanzas, pero es como si la trama ya estaba escrita, determinada. Como una profecía que se cumple, de que manera poco importa, pero lo que somos de verdad, se acaba cumpliendo.

Eso fue lo que pensé hoy. Somos únicos pero al mismo tiempo tan iguales frente al inexorable cumplimiento de nuestras profecías...

Cambiando de tema. Hoy el día amaneció tranquilo. Tierno y sereno. Será que la primavera acecha? La dulzura invade las calles y los corazones, cosquillea, aturulla. Se siente fresco. Se siente bien. La luz es suave y envolvente. Como esos brazos y esas manos. Y esas miradas atolondradas. Y esos despertares improvisados. Y esas palabras que le guiñan a uno. El calor se desliza por las persianas, persistente, contagioso. Me rindo. Capitulo. Me inclino ante semejante gracia. Venga pues la maldita primavera!!!

Hoy, Barcelona sin... nubes!!

jueves, 11 de marzo de 2010

Hooooooyoyoyoyyyyyyy.... Cantaaaaaa y'no lloooooraaaa

Pensé que era el alcohol. En realidad no. Así era él. Burdamente inelegante. Totalmente autocomplaciente y autosuficiente. Engreído y tediósamente[sic] hydrocefálico. No me sorprendo, pues así me suelen tocar. Hacen soñar al principio. Creo que es por eso. Me gusta soñar. Me gusta sobremanera.

Soy un tanto disléxica en cuanto a relaciones amorosas. Se leer pero no entiendo lo que leo. Así que, como es más divertido leer un cuento de hadas que un manual de psiquiatría, yo me imagino una historia rocambolesca, le meto toques de absurdo, le inyecto mi fe de erratas con tanto entusiasmo, que se crea una magia, efímera. Que se esfuma siempre después de un rato. Cuando por fin reconozco la verdadera naturaleza escolástica de la obra que tengo ante mis ojos, cierro el libro. En fin, no era el alcohol pues.

"Au suivant!" como dicen por ahí... Y la que sigue soy yo. Creo que nunca me había respetado tanto a mi misma. Hoy escuché un señor decir en la tele: "Aprendan a no aceptar lo inaceptable, porque a todos les tocará en algun momento, la responsabilidad de decir que no." NO, dije. Y así fue.

Esta semana saboreé la rutina que ha invadido poco a poco mi vida. Tengo un trabajo redundante, para ponerlo de manera elegante. Sin ninguna responsabilidad de ningún tipo. Solo hacerlo bien. La tarea hormiguera de realizar un trabajo perfectamente lineal y sin asperezas, aporta una tranquilidad al final del día, casi meditativa. Uno acaba vacío, por lo tanto, como nuevo. Curioso sentimiento.

Hoy, Barcelona... Sin hombre!!!