Para que vean como somos peones en este mundo.
Desde hacía unos días estábamos desestabilizados. En el equipo que bautizé "los idiotas", somos ocho. Cinco chicos, tres chicas (como lo habrán notado, puro impar!). Antes, éramos seis en total. Cuatro chicos y dos chicas. Había un cierto equilibrio. Manejábamos tres campañas, un binoma por cada una. Farmacéuticos, enfermeras, y otra de enfermeras. Luego, entraron al equipo los dos que acaban de llegar hace una semana. Un chico y una chica. Yo estaba con los farmacéuticos, fuí la única que no cambiaron de campaña. Me cambiaron el binoma y pusieron a todos los demás a prospectar dentistas. Una campaña muy seria y en la cual se basan grandes esperanzas, al parecer. Pero tambien la de los farmacéuticos. Ayer, mi supervisor, el eterno entusiasta, asomó una cara radiante por encima de mi cubículo, para anunciarme triunfalmente que el cliente nos había hecho el honor de confiarnos otro archivo de muchos más contactos. Esperaba, acaso, que sintiese yo el mismo orgullo que experimentaba él?
Total que "los idiotas" no son idiotas por nada. Somos todos medio infradotados para la disciplina y el aprendizage del autoengaño, que vuelve el engaño ajeno más monetizable. Pero hay que reconocer que cuando ayer nos pasaron a la sala de conferencia para anunciarnos el plan de incentivos de venta, que la compañía, en su gran magnanimidad y más allá de la mezquindad del cliente, había querido instaurar, como reconocimiento y agradecimiento a nuestro agradable desenpeño, nos cambió un tanto la cara. Muy bien hecho. Muy bien calculado. Motivador para cada uno, solidario con el equipo, equilibrado, justo, federador. "Los idiotas", de repente, teníamos una causa. Aunque a nadie de nosotros le importe de más el dinero, pareció estimular nuestra productividad. Contamos las ventas. Calculamos. Estimamos. Soñamos con lo que hace falta.
Funciona y funciona muy bien. Los peor es que "los idiotas" somos un desastre pero aun así funciona. Es fascinante ver como se genera adrenalina con ingredientes tan sencillos. Curioso ver como de repente, nuestro rinconcito desenfadado de la colmena, empezó a tomar aires de bolsa de valores. Más bien, jugamos a la bolsa de valores. Las acciones son revistas y los millones, son vales de comida. Pero bueno, aunque no nos saque de pobres, es entretenido. Y dicen que con la zanahoria, el camino se hace más corto.
Es un poco perturbador ver las grietas del domo de nuestro propioTruman Show. Se cae la pintura y todo es un poco repetitivo y rutinario. Totalmente artificial y al mismo tiempo tan real como el ejetreo que nos invade casí al limite de la seriedad. Me recuerda cuando jugaba Quake (versión Capture The Flag) en red con mi banda de amigos nerds, cuando tenía 17 años. Eran los primeros cafés internet y el auge de los juegos en red, todos en su cubículo y todos jugando en computadoras contiguas. Nos gritábamos cosas que no escuchábamos, por el casco que traíamos en los oídos. Me recuerda la adolescencia. No sabía que iba a ser de mi vida, pero cada momento lo vivía tan intensamente que la actividad más absurda se volvía la aventura más emocionante e importante del momento.
Todo me inspira. Esa alquimia que cambia, ante mis ojos, revistas (que acaban casi todas calzando armarios) en desafíos, es el punto medular del misterio. Me asusta un poco pero ya es demasiado tarde, ahora que lo entreví, tengo que entenderlo. Me hace pensar que la vida es bella, aunque tengas que pasar por el valle para alcanzar la cima. El misterio.
En otro registro, la primavera sigue llegando, lenta pero segura. Valeriana del alma. Como una larga caricia sin fin. Como esa mirada en la que me refugio a veces para estar en paz.
Hoy, Barcelona sin... tesis!!
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