Una amiga me dijo hace poco: Por dios, cambiate de casa, una gran mujer como tu no puede desarrollarse correctamente en un espacio tan chiquito. Y tiene razon. Hizo eco a algo que llegué a pensar.
Tampoco está tan mal. Es una casita de muñecas. Toda blanca, de cal y de madera. Es luminoso. Veo la luna desde mi cama. Tengo una cama doble, un escritorio y un armario y todavía puedo caminar, no mucho pero lo suficiente.
Es agotador siempre estar corriendo atrás de "algo mejor". Si de por sí, todo es impermanente, porqué querer disminuir las experiencias invocando nuevas supuestamente más ... La verdad es que extraño mi departamento de 100m2 pero también disfruto mucho esta etapa de cosas chiquitas. Es acogedor y me siento bien. Mi pequeño boudoir.
De todos modos se que no podré seguir ahí demasiado tiempo. Mi compañero de piso es un amor pero es muy aprehensivo y es un poco contaminante a veces. Pero van pasando los meses y los sueños y aquí estoy, construyéndolos desde mi escritorio blanco. Me siento productiva y cómoda.
Hoy, Barcelona sin... ganas de algo mejor!
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