Suelo ser una desvergonzada optimista. Cínica pero optimista. Y hoy digo basta. Hoy me cansé. Hoy tengo ganas de gritar. Desgarrarme las cuerdas vocales hasta quedar literalmente sin voz. Parece no servir de mucho de todas maneras. Alors à quoi bon?
Estábamos mejor cuando sólo nos servía para mugir o gruñir. Cuanto más básico es un lenguaje, más intuitivo y sutil (por lo tanto certero) es el entendimiento entre los seres. Poco a poco fuimos sacrificando todos nuestros canales de percepción a favor del idioma, el verbo, la voz, el oído, el cerebro, la interpretación. Todos quieren ser escuchados, todos quieren hablar. Ya no hay silencio. Pero donde no hay aire, no hay eco...
En fin, ya nada tiene sentido. Todos dicen, prometen, discuten, opinan, verbalizan y explicitan por puro reflejo pavloviano. Ya nadie sabe el sentido de las cosas que hace o dice. No hay tiempo para eso. "Prefiero no pararme a pensar en eso sino me vuelvo loco" dicen.
Entonces claro, todo va muy rápido para que no tengamos ni tiempo ni ganas de ponerse a pensar en lo absurdo de a lo que nos sometemos voluntariamente.
Yo por ejemplo. Tomé el partido de regresar a la colmena para cumplir de una puta vez con los requisitos de esta burocrática economía, pero nunca parece ser suficiente. Cuando cumples los primeros, aparecen otros, en letras chiquitas, en voces aburridas de empleados hastiados y ahí sigues, trotando detrás de la disco ball que nos hace a todos el noble oficio de zanahoría, y que nos hipnotiza, y parece no acabar nunca.
Pero si te bajas del burro, se te aleja el anzuelo... Y quedas como el perro de las dos tortas, sin ninguna. Dilema corneliano, situación ubuesca, pesadilla kafkiana... ¿Esta es nuestra manera de escapar de la locura? Linda civilización la nuestra. Bonita evolución. Hermosa prospectiva la nuestra.
Hoy me gana el cinismo, con todo y humor negro [sic]. Hoy entiendo la delicuencia. Hoy la rabia me parece un sentimiento lógico y sano. Hoy no me vengan ni con alegrías, ni con tristezas. Estoy anestesiada. Como dice la canción, despiértame cuando acabe el temblor. Trémulos de desprecio, estremecimientos de indiferencia y también escalofríos de compasión porque somos bien poca cosa.
Hoy,Barcelona... sin ganas de:
- reaccionar!
- entender!
- cavalgar un burro!
- ser paciente!
- Etc.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario